
Adiós. Una palabra que lleva un significado tan triste…la marcha de aquellos a los que se ama, la despedida de quienes prometen regresar… No podía empezar esta carta de otra manera. No podía...
Sé que debería acompañar esta frase con un: volveré, no sé dentro de cuánto tiempo pero lo haré. O quizás con un: nos veremos pronto. Pero la verdad es que no va a ser así...porque no voy a regresar.
Me imagino que te debes estar preguntando por qué te envío esta carta. A ti. A la persona que me propuso un día recorrer nuestros caminos en direcciones diferentes y no girar la vista nunca atrás. La verdad es que ni yo mismo lo sé. Puede que se deba a que eres lo único que he tenido en la vida, y, probablemente, serás la única persona que lamente de un modo u otro mi marcha. Y puede que aún, en el fondo de tu corazón, te acuerdes de mí, de nosotros. Al menos, así lo espero.
Si a estas alturas no has tirado la carta a la basura, entonces lee con atención lo que te quiero decir. Hay tres grandes frases que están escritas en ella y que debes ver.
La primera es “Te quiero”. Un mensaje simple, tonto en ocasiones, pero con un mundo de emociones y sentimientos impresos en cada una de los trazos de las letras. Dos palabras que tantas veces dije y que acabaron perdiendo su valor con el paso del tiempo.
Quiero repetírtelas, ahora, pensando que existe la posibilidad de que ya no creas en ellas ni en lo que te digo. Pero aun así lo hago. “Te quiero”. Pueden resultar vanas, enterradas en una capa de dolor y sufrimiento. Pero la magia que existe en ellas es real, está viva y late con fuerza. Lo ha hecho siempre y lo seguirá haciendo donde quiera que vaya. Es posible que tú también lo sientas, en el fondo, bajo la tristeza de la que soy culpable. ¿Notas como lo hace? Si es así, es que el amor en tu interior sigue vivo, pese al dolor que se interpone en el camino.
La segunda de las frases es “Lo siento”. Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero yo tengo la esperanza de que alces la mano en el aire y consigas atraparlas antes de que eso pase. Escúchalas como si de una caracola se tratase. Siente el mensaje que hay en ellas. Y si llegan a lo más hondo de tu ser, entonces acéptalas. A través de ellas viaja mi culpa, mis lamentos, el arrepentimiento, las lágrimas, la soledad, el anhelo de sentir una vez más el tacto de tus manos en mi cuerpo al abrazarme y la calidez de tus labios al besarme.
Seguramente, esas palabras tendrán un significado muy distinto para ti. Uno bastante amargo, cruel, que no es digno de acompañarte a lo largo de tu vida. No te lo mereces. Sé que es difícil compensar el amor en la balanza cuando lo que hay al otro lado lo supera con creces, pero tengo la esperanza de que, si no han cicatrizado aún tus heridas, lo harán en un futuro próximo. Guarda mis palabras, aparta aquellas cosas de las que te quieres deshacer, y quédate solo con lo que realmente importa: el perdón. Hazlo por mí, por ti, por todo lo que una vez vivimos.
La tercera y no menos importante, es “No me olvides”. Quizás recordarme sea sinónimo de malos momentos, pero confío en que, cuando leas esta carta, te quedes sólo con los buenos. Los que de verdad merecieron la pena. Los que nos hicieron muy felices mientras nuestros corazones bailaban al mismo compás. Por aquel tiempo en que las lágrimas eran de felicidad y las sonrisas acompañaban a la ilusión de saber que compartíamos un día más el uno al lado del otro.
Si llego alguna vez a acudir a tus pensamientos, que sea por añoranza, no por odio. Por amor, quizás, pero no por traición. Por los buenos recuerdos, no por los malos. Si evocas mi imagen en tu mente, que sea porque me echas de menos, de un modo u otro.
Si sigues leyendo este mensaje, cabe la posibilidad de que pienses que no merece la pena conservar las cicatrices del pasado, aunque jamás llegue a recibir una llamada o una carta en respuesta a esta. No te preocupes. Si de verdad consigues creer de corazón en lo que te digo, yo lo sabré.
No quiero contemplar la posibilidad de que todo esto te resulte indiferente, o que ni siquiera hayas llegado a este punto para poder leer lo que aquí te expreso. No, no quiero. Opto por convencerme de que ha sucedido. De que la has recibido y la has visto, desde la primera hasta la última letra. Y, sobre todo, de que te importe, aunque sea un poco.
Nada de esto puede compensar, ni lo hará jamás, los motivos por los cual decidiste alejarte de mí aquella mañana. Y no pretendo que lo haga. No quiero convencerte de nada, ni mucho menos que revivas cada momento en busca del amor que creció una vez en ti. Lo único que deseo, es que entiendas y comprendas lo que te digo y que lo aceptes.
Ojalá pudiera escucharte o sentirte una vez más… de verdad…
Bueno, es la hora de despedirse. Espero que hagas un hueco en tu corazón para albergar estas palabras y a mí con ellas. Y, sobre todo, que no derrames lágrimas ni me relegues al olvido.
Dondequiera que esté, velaré siempre por ti.
Te quiero. Y te querré siempre.
Mimadriña que cantidad de sentimientos. Y mira que yo no soy nada empalagosa, pero, ¿es que quieres hacerme llorar o que? xD No, en serio, es muy bonito, es muy triste y me recordó cosas que yo misma sentí en el pasado y de las que me gustaría arrepentirme, pero no puedo. Llega, en serio, a quienquiera que se la "envíes" tiene que tocarle el corazón, porque, aunque sean tan sólo palabras, están cargadas de tantas cosas que sería imposible encontrarlas vacías.
ResponderSuprimirMimá!