28/10/2011

Reflexión sobre el aprendizaje




















Es increíble la cantidad de cosas que llegamos a pasar por alto en la vida. Simplemente increíble. Nos pasamos la vida haciendo tantas cosas sin darnos cuenta, que a veces se puede llegar a tener la sensación de que hemos nacido con ciertas habilidades natas para determinadas cosas. Por ejemplo, escribir.
Escribir es bueno, escribir es sano. Es un medio de escape, una manera de expresarte, un arte, un medio de vida, un hobby, es historia, es sentimiento, es un millar de cosas.
Desde pequeños se nos enseña a leer y a escribir. Eso se podría decir que ya forma parte de nuestra naturaleza humana. La necesidad de comunicarnos mediante un sistema de signos, sea cual sea, hace que acabemos aprendiendo un conjunto de normas y reglas, entre otras muchas cosas, para poder aprender el lenguaje que usan nuestros semejantes. Al fin y al cabo, las palabras son eso, una forma de lenguaje. El lenguaje del alma, podría llegarse a decir. Porque, después de todo, nosotros nos expresamos con él/ellos.
Sin embargo, resulta muy curioso comprobar cómo en algo que creemos que es banal se esconden mil y un secretos que no nos han sido revelados.
Durante mi estancia en la universidad aprendiendo lengua y literatura española, o filología como lo llamamos casi todos por comodidad, he podido ver cosas con mis propios ojos, tan simples y tan reveladoras, que me han llevado a preguntarme "¿Dónde estaban todos estos dilemas durante los años pasados?" Casi raya lo absurdo, pero la verdad es que si os paráis a pensar en la cantidad de cosas que uno pude descubrir sobre los asuntos más simples, al final, resulta abrumador.
Nos pasamos la vida haciendo cosas y muchas veces jamás comprendemos el por qué. Y no es más cierto decir que aquellas hipótesis, por llamarlas de alguna manera, que se nos escapan al razonamiento, resultan traer consigo grandes respuestas. Una vez oí en una película llamada Matrix que "la ignorancia es la felicidad". Con el tiempo he entendido lo erróneo de la frase. El conocimiento es saber, es poder (En la historia ya está más que demostrado) pero sobre todo, es sorpresa, es reflexión, descubrimiento de planteamientos que pasaron siempre desapercibidos para nosotros.
Durante el tiempo que llevo estudiando, he podido degustar algunas de estas hipótesis. Razonamientos simples, pero llenos de un misterio envolvente que me hace preguntarme por qué no llegué yo a pensar en ello antes. Y es que, como dije, hay tantas cosas en la vida que se nos escapan a nuestro control que no damos cuenta de ello. Y muchos de estos detalles residen a nivel simple. No hay que ser un filósofo o un pensador para abarcar semejantes pensamientos. Creo que se trata, simplemente, de abrir los ojos y explorar con otros ojos todo lo que nos rodea, todo lo que hacemos desde una perspectiva más visionaria y observadora. Realmente, es increible lo que se puede llegar a ver desde este prisma.

Aprender no siempre consiste en adquirir nuevos conocimientos de modo superficial, sino también en saber explotar las posibilidades de los que ya albergamos. Y es que, en la vida, para mí, cada cosa tiene sus misterios. Y, mirando el sentido de éstas desde una perspectiva como ésta, resulta fascinante ver de qué modo y, sobre todo, qué elementos, cosas, ideas, etc, podemos llegar a descubrir de esta manera.


18/09/2011

Plagio en la literatura


















Ya tenía ganas yo de hablar sobre algo tan serio como es el plagio.

¿Qué es el plagio? Es una buena pregunta, ¿no creéis?. Pues bien. Si nos vamos al diccionario de la RAE (Real Academia Española) nos da una serie de significados:

1. tr. Copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias

2. tr. Entre los antiguos romanos, comprar a un hombre libre sabiendo que lo era y retenerlo en servidumbre.

3. tr, Entre los antiguos romanos, utilizar un siervo ajeno como si fuera propio.

4. tr. Am. Secuestrar a alguien para obtener rescate por su libertad.

Yo, particularmente, me voy a quedar con el primer significado, el del robo de obras ajenas.

El plagio es algo que ha existido desde siempre. No hace falta ser muy listo para saber eso. Quizás muchos de vosotros no hayáis vivido un episodio tan triste como cuando alguien usa algo de tu propia creación o imaginación para su propio beneficio sin permiso o acuerdo de por medio. O quizás si, no lo sé.

Sea como sea, el plagio es algo que no debería existir, pero existe. Algo con lo que todos los que subimos algo a internet (cuadros, fotos, escritos, etc, etc, etc.) tenemos que enfrentarnos. Hoy en día, afortunadamente, la cosa está bastante más controlada y hay infinitos sistemas para proteger tu obra de cualquier intruso. Tenemos el registro intelectual que es el más clásico, así como las licencias creativas que las hay de muchos tipos, y muchos lugares son los que se dedican a este tipo de cosas: CreativeCommons, Safecreative, etc.

No obstante, quien inventó la ley inventó la trampa. Y yo digo que ni con eso uno puede estar seguro de que no no le vayan a hacer una trastada, llamémoslo así, con su obra, de modo que no pueda ser denunciable. ¿Y cómo es eso? Pues muy simple. El plagio, hasta donde sé, recoge los textos o fragmentos plagiados parcial o completamente, y también las similitudes más que evidentes existentes entre una obra original y su respectiva copia. Yo, particularmente, hay algo que no he visto en estas excelentes medidas, y es algo bastante peligroso, en mi opinión. La copia de elementos de las novelas. ¿Y qué es eso? Pues ni más ni menos que lo que suena. Pondré un ejemplo muy bruto: Imaginaos que alguien copia el ojo de Sauron de "El señor de los anillos" y lo llama el ojo de Pepe, pero conserva exactamente las mismas características. ¿Es eso un plagio? En teoría, ¿verdad? Pero perfectamente pasa por una inspiración, o un elemento que ha cogido para hacer un guiño a... Y no digo que no sea así, pero por experiencia propia, sé que hay bastantes veces en que ese mismo tipo de cosas se usa para robar pequeñas cosillas de las novelas sin que eso pueda repercutir de ningún modo en cuanto a rozar el plagio en sí mismo. ¿Entonces que queda? Pues queda un autor robando cosas insignificantes de muchas novelas que se convierten en una montaña con la que poder formar su propio texto. Incrieble, ¿no? Pues es cierto.

Y es cierto, porque por desgracia yo mismo he tenido que ver como un escritor del tres al cuarto, con una novela publicada y con un mediano éxito en algunas zonas, se ha aprovechado de las cosas que yo mismo he escrito para usarlas de forma descarada en una de sus novelas (No voy a decir quien es, porque aunque está entre mis seguidores, no le voy a hacer publicidad de ningún tipo). Yo no entiendo demasiado de leyes, y por tanto menos aún de las leyes de propiedad intelectual, pero tan lejos como sé, creo que no es posible actuar. ¿Qué me queda entonces? Hablar, y poner sobre aviso y contar lo que sé para aquellos que se dediquen a colgar cosas en su blog o en algún foro de internet, tal como yo lo hago. ¿Esto es una alarma para que no suban nada? No, no. Internet es una herramienta muy potente y con muchas salidas, y sobre todo es una gran ayuda para todos los que nos iniciamos de forma "profesional", es decir, para dar a conocer nuestro "trabajo".

¿Qué hacer entonces? Yo mismo me planteo esa pregunta a menudo. Hay que tener en cuenta que internet es un arma de doble filo: te puede lanzar (claros ejemplos los conoce todo el mundo) pero también te puede llevar a una situación lamentable (Como la que cité más arriba). Yo no soy partidario de sacrificar las ventanas de salida que uno tiene a su disposición, a pesar de los aprovechados que merodean por la esfera, pero si que es cierto que fastidia ver como existen personas que no piensan, sino que ya encuentran a gente que lo haga por ellos.

Soy el primero que entiende que esto es muy de cogerlo con pinzas, o muy delicado si no entendeis la expresión, pero es que, como dije antes, vivimos en una sociedad en la que la ley es superada siempre por la trampa. Creo que deberían analizarse las diversas variables de situaciones, aunque entiendo que es muy muy difícil distinguir unas cosas de las otras.

¿Qué recomiendo? Pues lo primero es tener mucho cuidado y realizar búsquedas periódicas de vuestro trabajo por internet. Si el plagio es parcial o completo, creo que lo que desaparecerá de la copia serán aquellos elementos que identifique que ese es vuestro estilo, y no el suyo. Las cosas genéricas, por norma general, son las que siempre suelen quedar, con el pensamiento de que pasan desapercibidas. Lamentablemente, muchas veces es así.

En cuanto a los elementos, yo no tengo una respuesta convincente a eso. En mi caso fue pura casualidad que lo encontré, y poco después el personaje en cuestión ya había modificado algunas cosas de modo que no se pudiera probar, ni lo más mínimo, lo que había hecho.

Yo creo que no hay soluciones infalibles para poder evitar esto, pero si que hay que tener en cuenta que hemos de luchar por nuestras obras y estar al tanto del más mínimo indicio de que alguien nos usurpa nuestros trabajos. Esto no implica volverse paranoico y señalar con el dedo a todo aquél que guarde un mínimo de similitud entre nosotros. Siempre habrán escritos parecidos a otros, y no tiene por qué ser una copia. Pero creo que uno puede distinguir perfectamente cuando se trata de una copia de elementos intencionados (Para eso hay que analizar la obra, a su autor, y comprobar si hay antecedentes o si hay más elementos plagiados, aparte del vuestro. Todo lo más objetivamente posible, claro está).

En definitiva, creo que no existe el remedio a la enfermedad, pero no podemos rendirnos por ello. Sé que este artículo lo pueden leer muchos de estos buitres, pero sé que también lo harán aquellos que quieran proteger sus cosas y obtener un poco más de información.

De corazón, espero que jamás os pase esto. Es muy triste, y no se lo recomiendo a nadie. Y si os pasa, informaros, obtened información y si es muy eivdente, denunciad. Es lo justo y es lo que se merece el plagiador

Si la justicia dependiera de nosotros...otro gallo cantaría.

17/09/2011

Opinión sobre fallos ortográficos













Edito: Dado que he visto que el título puede dar lugar a malentendidos, y después de que un lector del sitio "Menéame" me faltase el respeto por yo no poner alguna tilde en su sitio o no especificar algo de lo que dije en este artículo (he de suponer que yo soy perfecto), decido cambiarlo por otro. Creo que dará menos pie a que la gente se tome a mal lo que digo. Recordad que es sólo mi punto de vista y yo no me creo mejor que nadie. Soy partidario de escuchar siempre y cuándo la persona que tenga que decirme algo muestre educación para ello. De lo contrario, haré caso omiso. Esto lo dejo claro para las futuras entradas.

Antes que nada, quiero dejar claro que esta es mi opinión como escritor. Puede ser más o menos acertada, pero es la mía, en base a mi experiencia. Aquí no pretendo decirle a nadie como debe hacer las cosas. Tan sólo que quizás pueda servirle algo de lo que digo.

Últimamente he tenido la gran suerte de conocer a un sinfín de escritores de distintos niveles, cada uno metido en su género. Mediante ellos, he podido conocer sus propias obras, así como la de sus colegas del gremio, conocidos, amigos, etc. Esto me ha llevado a una cosa que se repite una y otra vez: he visto, por desgracia, bastantes textos con los mismos errores repitiéndose en todos, una y otra vez. A veces parecía ser por fallo del uso de más de una lengua (Como les suele pasar a los catalanes, que se equivocan a veces por eso mismo) y otras por simple ignorancia de como aplicar las normas de la lengua española a los escritos.

Pues bien, desde aquí quiero fomentar y animar a que la gente aprenda y estudie, que el conocimiento no es nada malo. Al contrario, cuanto más mejor. Los beneficios de ello se notan a corto, medio o incluso largo plazo de una manera notable. Así que no dejéis de aprender ni de estudiar nunca, porque los que vais a disfrutar más de las ventajas que ello proporciona vais a ser vosotros.

Dicho esto, quiero remarcar algunas cosas que he visto y me parece que uno ha de tener muy en cuenta a la hora de escribir.

Por ejemplo, el uso de la raya, que no el guión. El guión, al contrario de lo que se piensa la gente, es este simbolito "-". La función del guión es varia y abarca desde la unión de nombres compuestos hasta para establecer distintas relaciones circunstanciales entre nombres.


En cuanto a la raya, que es este "—" es el que realmente vamos a usar para escribir nuestro relato, novela, etc. Es el que se usa en los diálogos, entre otras cosas.

Aquí tenéis la información al respecto: http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltGUIBusDPD?lema=raya

Hay que tener en cuenta siempre eso, porque es muy importante y hay muchísima gente que no sabe distinguir una cosa de la otra, por no hablar de su uso. Y a propósito del uso, también lo indican en el enlace de arriba. Echadle un vistazo aquellos que querais mejorar vuestros escritos, que nunca viene mal.

Dejando este tema aparte, otra cosa que resalto es el hecho del uso de las oraciones. Yo, si algo he aprendido en este tiempo, es lo siguiente: las oraciones demasiado cortas interrumpen mucho la lectura, y las largas no dejan respirar al lector. Hay casos en los que he visto frases con cuatro o incluso cinco comas de por medio, y os aseguro que así no hay nadie que pueda leer con calma, porque te obliga de algún modo a seguir leyendo para poder encontrar el punto. Eso es lo peor que hay para mí. En cambio la corta es lo contrario. Al haber frases tan cortas en un libro, según mi opinión claro está, no te deja sumergirte en la lectura. A cada poco que lees ya te tropiezas con una barrera infranqueable que es el punto. Pienso que hay tener ojo porque los puntos y las comas pueden ser nuestro mayor enemigo a la hora de realizar un texto.

¿Qué es lo ideal, entonces? Yo no tengo la respuesta absoluta. Pero, para mi, y para varios más en los que estamos de acuerdo en lo mismo, la frase idónea es aquella en la que no supere las dos lineas de la hoja de word (Times New Roman, 12, interlineado sencillo en una hoja word predeterminada). Normalmente en el libro será más, pero es suficiente para no atosigar el lector. Yo las he visto de 3, 4 o 5 o incluso un párrafo entero de dos páginas, como ocurre en el libro "La verdad sobre el caso Savolta" de Eduardo Mendoza. Es realmente asfixiante el no poder despegar los ojos para no quedarte a medias en la frase. Y en cambio, otros como "Arcadia" de Samantha Devin, es como si andases por una carretera llena de baches; a cada intento de disfrutar la lectura, un punto. A mi eso me corta la sensación de disfrute, no sé a vosotros.

Otra cosa que siempre veo es la típica secuencia de:

—Hola, Juan —le dijo.
—Hola, Pedro —le respondió.
—¿Cómo está tu mujer? —pregunto, curioso.
—No quiero hablar del tema —se puso nervioso.

A ver, para gustos los colores y formas de escribir hay muchas. Pero yo, a título personal, veo en ese tipo de diálogos una insustancialidad de los personajes enorme. Y es por una simple razón: los diálogos no expresan los sentimientos de los personajes como es debido. Para mi un buen diálogo es el que sabe captar la esencia de las emociones, los sentimientos, todo lo que envuelve al personaje en ese momento. Para mi no sólo basta con decir: dijo, se puso nervioso, esta intranquilo. ¿Eso de que me sirve? Considero que hay que acercar más los sentimientos al lector, de modo que pueda ver que los personajes realmente están pasando por eso, o llegan a razonar lo que se les plantea. Ejemplo:

—¡Eh, tu, muévete de ahí! —dijo Oscar de forma agresiva.
—¡No! —Le respondió Miguel. Estaba temblando pero no quería dejarse amedrentar por nadie, y mucho menos por el que era su peor enemigo.

Es un ejemplo muy tonto, soy consciente, pero creo que con esto se entiende lo que quiero llegar a decir. Para crear una buena comunicación realista no basta con usar los verbos y ya está. Hemos de pensar como se siente el personaje, lo que está viviendo, lo que está razonando en ese momento, y transmitirlo al papel. Para mi ese es un punto clave para dotar a una historia de personajes creíbles. Se que hay modos y modos, y no tenéis por qué estar de acuerdo conmigo. Al fin y al cabo es mi opinión.

Nadie define cuándo una novela esta bien escrita y cuando no, aunque hay aspectos académicos que hay que cuidar, eso es obvio. Para mi, los famosos dos puntos de referencia que nos enseñan en clase "Coherencia y cohesión", se han quedado cortos. El mercado está lleno de libros de esos y sin embargo son insustanciales como ellos mismos. ¿Qué es lo que falta? La profundidad, el realismo, el poder ver credibilidad en todo aquello que se lee, aunque sea un libro de fantasía. Para mi, ese el gran fallo de muchos escritores. Escriben bien si, pero son insustanciales.

Dicho esto, he de añadir que esto son ejemplos simples comparado con todas las clases de errores que se puede cometer en un libro. Resalto esto porque es algo muy generalizado y creo que merecía tocar el tema un poco. Se que hay gente que ya sabe escribir muy bien y esto les sonará más o menos acertado, pero también se que hay gente que necesita leer este tipo de cosas para formarse una opinión.

Pero algo he de decir: esde mi punto de vista, la orientación (que es a lo que lleva a mucha gente el visitar los blogs para escritores nóveles) no la encuentras en lo que alguien te pueda decir sobre cómo tienes que escribir, porque al final, eso va a depender de ti. Ésta hay que encontrarla en los libros y en el conocimiento. Recalco una vez más, adquirir conocimiento, independientemente de la edad, es algo que va a beneficiar.

Recomiendo fervientemente a todos aquellos que deseen mejorar sus escritos que revisen la RAE y busquen las dudas, o sean curiosos y lean como lo hice yo en su día. Merece mucho la pena. Y tened algo en cuenta, la escritura es sinónimo de aprendizaje eterno, como cualquier cosa. El conformismo no es una opción. Tenedlo presente cuando os decidáis a meteros de lleno.

Y hasta aquí la entrada de hoy. Se que hay cientos de errores comunes, de los cuales un servidor incluso comete algunos de ellos. Pero ¿Quién es perfecto? Por eso hemos de aprender. Para no tropezar otra vez con la misma piedra.

Y por favor, cuidad la ortografía, que es algo muy bonito y muy mal utilizado.

16/09/2011

La importancia de saber rectificar, o bienvenido de nuevo a este espacio.

















Esta entrada viene a propósito de lo que muchos de vosotros, si no todos, os daréis cuenta enseguida. Tras un periodo de cierre del blog de unos meses, vuelve con más fuerza que nunca. ¿Y por qué? Es muy simple.

A priori tenía pensado unificar el blog junto a una página web, de futura creación, con lo cual éste en concreto iba a desaparecer. La razón de no avisar es que...no la hay, así que mis disculpas. Lamentablemente, las cosas no salen como uno quiere y, por lo tanto, la idea de la futura web, en la cual por supuesto está dirigida al aspecto editorial, sin dejar de lado el aspecto personal del blog, claro está, se ha visto pospuesta indefinidamente.

Por lo tanto, aquí seguimos. Con ganas renovadas y con bastante motivación, en parte gracias al hecho de que por fin, después de muchos años con la idea en mente, por fin estoy en la universidad. Este blog se convertirá en algo más que simples opiniones sobre las distintas cosas de la vida. Creo sinceramente que es bueno que dé un paso y que me inmiscuya un poco en los temas que me conciernen, sobre todo en aspectos académicos. Considero que puede ser una muy buena herramienta aplicada al mundo de la lectura/escritura.

Dicho esto añadiré algo: No tiene nada de malo rectificar. Todos nos podemos equivocar, y yo el primero. Por ello mismo reactivo este espacio de reflexión, para que todo aquel que se identifique o quiera llevarme la contraria acceda a él y exponga sus pensamientos/ideas/lo que sea.

Por ahora nada más. Pronto volveré con más noticias, que estos meses he visto demasiadas cosas de las que me gustaría hablar.

Un saludo a todos.

PD: Para los nuevos, recordar que el Internet explorer da problemas con el fondo de mi blog. Que sepais que no es un fallo, propiamente dicho, por mi parte.



26/04/2011

Escuchar














El título lo dice todo. Escuchar.

Desde hace tiempo hay personas con cierto síndrome del hombre perfecto que no necesitan que alguien venga y les diga: oye, esto no es así. O: puede hacerse de otro modo que es más simple. Y es que creen que no requieren mejorar, sin caer en la cuenta que el aprendizaje es eterno.

Por ejemplo, estos días he visto a un autor, llamémosle fulano, quien ha escrito algunos poemas para que la gente leyese y comentase. Dicho autor, aparte de tener unas clarísimas faltas ortográficas, no estructura bien el contenido que tiene, quedando un desorden grave que dificulta y mucho a la hora de transmitir el mensaje.

A fulano se le ha dicho de un modo y de otro que tiene que hacer un esfuerzo y mejorar, por él mismo y por los demás. Pero la única respuesta ha sido. "La ortografía no me importa. Quiero que vean el mensaje, y me gusta así".

Esto es un simple, pero claro, ejemplo de alguien que no presta atención a lo que dicen. Suele ocurrir mucho y muchas veces estamos equivocados.

Con este ejemplo quiero dar a entender que a las personas que hacemos algo: escribimos, dibujamos, componemos, o lo que sea, siempre tenemos lecciones que aprender. Nos pueden ser muy importantes o no, pero existir, existen. Puede llegar de la mano de la persona más hipócrita, despreciable, egocéntrica que os podáis imaginar, o de alguien a quien nunca tomáis en serio.

Para mi una cosa está clara: no se puede ir por la vida ignorando lo que los demás os dicen. Si alguien te menciona algo, comprobadlo. No cuesta nada. Si teneis algo mal en vuestro dibujo, o una parte de vuestro texto necesita una revisión o lo que sea, miradlo. Repito que no os cuesta nada. Es mejor hablar teniendo la certeza de que lo que os comentan puede o no rebatirse a cerrarte en banda y creeros que vosotros, como gran autor que puede que consideréis que sois, no podéis tener fallos, y más cuando se tratan de cosas leves.

Y antes de pasar de lo que os digan, aunque tengan razón, tened en cuenta una cosa clara: Podrían estar perdiendo el tiempo en cualquier otra cosa, y sin embargo están contemplando vuestro trabajo. Así que tomad un mínimo de consideración hacia él/ella.

Parecerá una tontería, pero conozco una gran cantidad de personas que pasan de los demás cuando se les dicen las cosas, o se enfadan y reaccionan de mala manera porque no se creen que ellos mismos puedan errar.

Lectores/as, nadie es perfecto. Ni un servidor tampoco. No seamos tan quisquillosos con quienes nos dicen las cosas. Y si no tienen razón, pues adiós y muy buenas. Pero, antes de ignorarle, comprobadlo. Quizás vosotros seáis los equivocados. Y no hagais caso omiso si llegan a tener razón, porque los únicos perjudicados seréis vosotros.

Que conste que esto que digo es una opinión mía, aplicada a mi experiencia como lector, crítico y escritor criticado. Se que hay miles de situaciones en la vida y miles de posibilidades. Y no pretendo abarcar ni de lejos todas ellas. Tan solo algunos aspectos que me parecen que deben ser mencionados en esta entrada.

Un saludo.

23/04/2011

El adiós de un corazón























Adiós. Una palabra que lleva un significado tan triste…la marcha de aquellos a los que se ama, la despedida de quienes prometen regresar… No podía empezar esta carta de otra manera. No podía...
Sé que debería acompañar esta frase con un: volveré, no sé dentro de cuánto tiempo pero lo haré. O quizás con un: nos veremos pronto. Pero la verdad es que no va a ser así...porque no voy a regresar.
Me imagino que te debes estar preguntando por qué te envío esta carta. A ti. A la persona que me propuso un día recorrer nuestros caminos en direcciones diferentes y no girar la vista nunca atrás. La verdad es que ni yo mismo lo sé. Puede que se deba a que eres lo único que he tenido en la vida, y, probablemente, serás la única persona que lamente de un modo u otro mi marcha. Y puede que aún, en el fondo de tu corazón, te acuerdes de mí, de nosotros. Al menos, así lo espero.
Si a estas alturas no has tirado la carta a la basura, entonces lee con atención lo que te quiero decir. Hay tres grandes frases que están escritas en ella y que debes ver.
La primera es “Te quiero”. Un mensaje simple, tonto en ocasiones, pero con un mundo de emociones y sentimientos impresos en cada una de los trazos de las letras. Dos palabras que tantas veces dije y que acabaron perdiendo su valor con el paso del tiempo.
Quiero repetírtelas, ahora, pensando que existe la posibilidad de que ya no creas en ellas ni en lo que te digo. Pero aun así lo hago. “Te quiero”. Pueden resultar vanas, enterradas en una capa de dolor y sufrimiento. Pero la magia que existe en ellas es real, está viva y late con fuerza. Lo ha hecho siempre y lo seguirá haciendo donde quiera que vaya. Es posible que tú también lo sientas, en el fondo, bajo la tristeza de la que soy culpable. ¿Notas como lo hace? Si es así, es que el amor en tu interior sigue vivo, pese al dolor que se interpone en el camino.
La segunda de las frases es “Lo siento”. Dicen que las palabras se las lleva el viento, pero yo tengo la esperanza de que alces la mano en el aire y consigas atraparlas antes de que eso pase. Escúchalas como si de una caracola se tratase. Siente el mensaje que hay en ellas. Y si llegan a lo más hondo de tu ser, entonces acéptalas. A través de ellas viaja mi culpa, mis lamentos, el arrepentimiento, las lágrimas, la soledad, el anhelo de sentir una vez más el tacto de tus manos en mi cuerpo al abrazarme y la calidez de tus labios al besarme.
Seguramente, esas palabras tendrán un significado muy distinto para ti. Uno bastante amargo, cruel, que no es digno de acompañarte a lo largo de tu vida. No te lo mereces. Sé que es difícil compensar el amor en la balanza cuando lo que hay al otro lado lo supera con creces, pero tengo la esperanza de que, si no han cicatrizado aún tus heridas, lo harán en un futuro próximo. Guarda mis palabras, aparta aquellas cosas de las que te quieres deshacer, y quédate solo con lo que realmente importa: el perdón. Hazlo por mí, por ti, por todo lo que una vez vivimos.
La tercera y no menos importante, es “No me olvides”. Quizás recordarme sea sinónimo de malos momentos, pero confío en que, cuando leas esta carta, te quedes sólo con los buenos. Los que de verdad merecieron la pena. Los que nos hicieron muy felices mientras nuestros corazones bailaban al mismo compás. Por aquel tiempo en que las lágrimas eran de felicidad y las sonrisas acompañaban a la ilusión de saber que compartíamos un día más el uno al lado del otro.
Si llego alguna vez a acudir a tus pensamientos, que sea por añoranza, no por odio. Por amor, quizás, pero no por traición. Por los buenos recuerdos, no por los malos. Si evocas mi imagen en tu mente, que sea porque me echas de menos, de un modo u otro.
Si sigues leyendo este mensaje, cabe la posibilidad de que pienses que no merece la pena conservar las cicatrices del pasado, aunque jamás llegue a recibir una llamada o una carta en respuesta a esta. No te preocupes. Si de verdad consigues creer de corazón en lo que te digo, yo lo sabré.
No quiero contemplar la posibilidad de que todo esto te resulte indiferente, o que ni siquiera hayas llegado a este punto para poder leer lo que aquí te expreso. No, no quiero. Opto por convencerme de que ha sucedido. De que la has recibido y la has visto, desde la primera hasta la última letra. Y, sobre todo, de que te importe, aunque sea un poco.
Nada de esto puede compensar, ni lo hará jamás, los motivos por los cual decidiste alejarte de mí aquella mañana. Y no pretendo que lo haga. No quiero convencerte de nada, ni mucho menos que revivas cada momento en busca del amor que creció una vez en ti. Lo único que deseo, es que entiendas y comprendas lo que te digo y que lo aceptes.
Ojalá pudiera escucharte o sentirte una vez más… de verdad…
Bueno, es la hora de despedirse. Espero que hagas un hueco en tu corazón para albergar estas palabras y a mí con ellas. Y, sobre todo, que no derrames lágrimas ni me relegues al olvido.
Dondequiera que esté, velaré siempre por ti.
Te quiero. Y te querré siempre.

Escribir es un arte
















Estos días lo comentaba con varios compañeros del mundillo.

Escribir resulta para muchos un negocio, para otros un sueño, y para otros una afición o un juego, según como se quiera mirarlo. En muchos casos, los escritores somos ignorados y no se nos tiene en cuenta, a menos que haya dinero de por medio.

Y es que es así. Cuando uno se sienta delante de una libreta con el papel y el boli o bien delante de un ordenador y piensas: quiero escribir, te encuentras con tres clases de personas a tu alrededor:

1) Las personas que os apoyan incondicionalmente. Son aquellos que muestran interés desde que creas las primeras letras hasta que la acabas. Están con vosotros en los procesos de revisión, lectura, e incluso llegan a aportar elementos importantes que no se os pasan por la cabeza. Son aquellas personas que, cuando os encontráis con ellas, os preguntan por vuestros proyectos, novelas y demás. Demuestran verdadero interés en ello. Ellos son los que os animan a continuar, los que valoran lo que hacéis y los primeros que compran la novela si llegáis a tener suerte de publicar algún día. Esa gente para mí es la más importante, y es la que hay que tener siempre cerca, porque, si no llegáis a ser conocido, o publicar si quiera, son los que seguirán disfrutando de vuestras obras.

2) Las personas que os apoyan cuando ven que estáis obteniendo beneficio de ello. Es muy triste, pero es cierto. Hay una gran mayoría que toma lo que estáis haciendo como una simple afición. O también piensan que hoy os dedicáis a un libro y mañana a las bicicletas. Y no digo que no sea así, porque por desgracia hay mucha gente que lo hace. Y lo peor es que algunos tienen un gran talento para ello. Pero bueno, hay de todo en la vida. Este tipo de personas solo te prestan atención cuando decís: ¡He publicado!. Pero ojo, no os engañéis. Muchos de ellos, aunque publiquéis, seguirán sin teneros en consideración. Ya se sabe lo que pasa con esto de los libros. Los primeros publicados, si sois buenos pero no tenéis ni idea de cómo manejaros en el mundo editorial, pasarán bastante desapercibidos. Aunque claro, también los hay malos que acaban siendo reconocidos. Claros ejemplos de ello los encuentra todo el mundo en las librerías. Como dije, hay de todo. Y no voy a nombrar todas las posibles variantes, porque si no no acabo nunca.

Quedándonos en la opción de que tengáis posibilidades de publicar por el talento que tenéis, os encontraréis gente a la que le llamará la atención vuestro producto, ya que realizar una venta con una novela es algo con bastante mérito. Esa gente posiblemente os abandone en cuanto sufráis un bajón o decidáis retiraros del mundillo. En cambio, habrá otros que, pese a haber vendido una o dos novelas, hasta que no representéis un elemento significativo en el mundo de los libros (Como por ejemplo, distribución a "El corte inglés" entre otros sitios de renombre) no os van a tener ni en cuenta. Pueden que lean vuestro libro de una pasada, pero dentro de una semana no se acordarán ni de lo que leyeron. Ahora, poneos delante con una novela y con vuestros beneficios (Si se diese el caso) y veréis que os tendrán más en consideración. Puede que algunos entonces demuestren interés y os pregunten por los proyectos, o pueden que pasen de vosotros hasta que saquéis dinero con el siguiente. Es así. Muy lamentable, pero es así.

3) El tercer grupo es el que realmente menos importa. Son aquellos quienes no demuestran interés de ningún tipo en lo que hacéis ni en si publicáis o no. Aquí podría encasillar a todas esas personas que sólo se acercan cuando ven que hay dinero de por medio, sin importarles un pimiento el trabajo y el mundo que tanto esfuerzo os ha costado crear. Al margen de eso, las personas que pasan de vuestras creaciones no os apoyan en ningún momento. Puede que alguno acabe por hacerlo, pero eso es muy raro. Normalmente, cuando habláis de vuestros proyectos con ilusión, son los primeros que cambian de tema, u os miran como si les estuvieseis contando la batalla más aburrida de la historia. Son aquellos que tienen como norma general, no leer a menos que se vean obligados a ello. Ese tipo de gente no merece tenerla cerca, ni siquiera en cuenta. No van a consultaros, ni a prestaros atención y mucho menos a apoyaros cuando lo necesitéis. Y, como dije antes, quizás si lo hagan cuando puedan ver beneficio económico o acaben descubriendo este fantástico mundo que nos encandila a todos de una manera fascinante.

En definitiva, y como conclusión a esto, pienso que el ser escritor es, para muchos, una afición. Pero no os engañéis. El escritor, o muchos de ellos entre los que me incluyo yo mismo, nos tomamos más en serio de lo que la gente piensa el plasmar sobre el papel nuestras ideas. Y no pedimos tanto. Tan solo que se nos tome un poco en serio y no se nos mire como aquel que pierde el tiempo con una actividad que, probablemente, no le de dinero.

Un saludo a todos los bloggeros, y en especial a los escritores.